¿Distracción o TDAH? Lo que nadie te explica sobre el diagnóstico

¿Cuántas veces has empezado una tarea y terminado haciendo otra completamente diferente? ¿Sientes que tu mente tiene vida propia, que saltás de idea en idea sin poder frenar? Si te identificás con esto, quizás ya escuchaste las siglas TDAH. Pero, ¿qué significa realmente ese diagnóstico y cómo se llega a él?

Antes de buscar respuestas en internet o compararte con un video de TikTok, vale la pena entender qué hay detrás de una evaluación seria.

Primero lo primero: ¿qué es el TDAH?

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es mucho más que “ser distraído” o “tener mucha energía”.

Y hay algo que sorprende a muchas personas: no es solo cosa de niños.  De hecho,

Hay adultos que llegan a sus 30, 40 o 50 años sintiéndose “raros”, incapaces de terminar proyectos, caóticos con el tiempo… y recién ahí descubren que tienen TDAH. No fue flojera. No fue falta de voluntad.

No todo es hiperactividad: los tres rostros del TDAH

Una idea muy extendida es que la persona con TDAH siempre está “como loca”, moviéndose sin parar. Pero el trastorno tiene tres presentaciones diferentes:

  • Tipo combinado: cuando se presentan síntomas tanto de inatención como de hiperactividad-impulsividad.
  • Predominantemente inatento: cuando hay falta de atención pero no hiperactividad evidente.
  • Predominantemente hiperactivo-impulsivo: cuando predominan la hiperactividad y la impulsividad sin déficit de atención marcado.

Quien tiene el tipo inatento puede pasar toda la vida siendo tachado de “soñador” o “vago” sin que nadie note que algo neurológico está ocurriendo. Son las personas que pasan desapercibidas en el sistema, y suelen ser diagnosticadas mucho más tarde.

¿Cómo se llega al diagnóstico?

Aquí viene la parte que más confunde: el TDAH no se diagnostica con un solo test. No existe un análisis de sangre, una resonancia ni un cuestionario mágico que lo confirme por sí solo.

El manual de referencia mundial es el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales). Para que un profesional pueda establecer el diagnóstico, se necesita evidencia de que los síntomas están presentes en más de un contexto de vida —trabajo, hogar, relaciones— y que interfieren de manera clara con el funcionamiento cotidiano.

 Esto explica por qué muchas personas “funcionan bien” en ciertos contextos y nadie cree que tengan TDAH.

¿Qué pasa en una evaluación neuropsicológica?

Una evaluación completa va mucho más allá de un cuestionario de síntomas. El profesional busca entender cómo funciona el cerebro de esa persona en áreas clave.

Entre las herramientas más utilizadas se encuentran:

  • Entrevista clínica estructurada como la DIVA-5, basada en los criterios del DSM-5, que explora la presencia de síntomas, su intensidad y el impacto en la vida del evaluado.
  • Escalas de autoinforme como la ASRS (OMS) y la WURS, que rastrea si los síntomas también estuvieron presentes en la infancia.
  • Pruebas neuropsicológicas objetivas: Stroop (control inhibitorio), Trail Making Test (atención y flexibilidad cognitiva), dígitos del WAIS/WISC (memoria de trabajo).

¿Por qué importa tanto hacer una buena evaluación?

Porque el TDAH se parece a muchas otras cosas. La ansiedad, la depresión, el trastorno bipolar o incluso el déficit de sueño pueden producir síntomas muy similares.

Un diagnóstico mal hecho puede llevar a tratamientos equivocados, frustraciones acumuladas y, sobre todo, a que la persona siga sin entenderse a sí misma.

En resumen

El TDAH no es una excusa, no es una moda y no se diagnostica en cinco minutos. Es un trastorno neurobiológico real, que tiene una evaluación rigurosa detrás, y que cuando se identifica correctamente cambia vidas.

Si sospechás que vos o alguien cercano podría tenerlo, el primer paso es consultar con un profesional especializado —psicólogo, neuropsicólogo o psiquiatra— que pueda hacer una evaluación completa y contextualizada.

Conocerse no es un lujo. Es el comienzo del cambio.

Referencias

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Barkley, R. A. (2015). Attention-deficit hyperactivity disorder: A handbook for diagnosis and treatment (4th ed.). Guilford Press.

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Kamradt, J. M., Ullsperger, J. M., & Nikolas, M. A. (2014). Executive function assessment and adult attention deficit hyperactivity disorder diagnosis. Psychological Assessment, 26(4), 1198–1211. https://doi.org/10.1037/a0037559

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Ramos-Quiroga, J. A., et al. (2006). Trastorno por déficit de atención con hiperactividad en adultos: caracterización clínica y terapéutica. Revista de Neurología, 42(10), 600–606.

Wender, P. H. (1995). Attention-deficit hyperactivity disorder in adults. Oxford University Press.

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